La historia se ambienta 40 años después, durante la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de niños evacuados llega a la mansión abandonada de Eel Marsh, junto a una maestra (interpretada por Phoebe Fox) que obviamente ignora todas las señales de peligro. La Mujer de Negro regresa, y ahora se enfoca en los niños. ¿Suena familiar? Porque lo es: misma casa, mismo fantasma, misma maldición... pero con menos miedo y más bostezos.
La película intenta copiar la atmósfera gótica de la primera—niebla eterna, juguetes que se mueven solos, susurros—pero todo se siente forzado. Los sustos son predecibles y repetitivos: puertas que se abren, apariciones repentinas en ventanas, y niños que ven cosas que los adultos no. Nada nuevo bajo el sol (o la niebla, en este caso).
**¡ALERTA DE SPOILER!**
El "giro" revela que el fantasma quiere vengarse de los niños porque su propio hijo murió en la guerra. ¿Original? Para nada. La resolución es tan débil que hasta la protagonista parece aburrida de su propio destino.
**Fin del Spoiler**
Las actuaciones son correctas pero no salvan un guion plano y sin imaginación. Hasta la famosa muñeca china, que en la primera daba escalofríos, aquí parece un accesorio de tienda de souvenirs.
¿La recomiendo? Solo si son completistas fanáticos de la primera película. Para todos los demás, es una hora y media de más de lo mismo, pero sin el suspense ni la originalidad.
Sustos: 7/10 Suspenso: 6/10 Sangre: 6/10 Promedio: 6.33

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