La trama sigue a Anna, una joven que llega a trabajar como sirvienta en Saint-Ange, un orfanato remoto donde pasaron cosas turbias. Pronto empieza a escuchar voces, ver sombras de niños y descubrir secretos sobre una tragedia del pasado. La atmósfera es densa: pasillos vacíos, niebla, silencios incómodos... todo muy *The Shining* pero en versión europea. La fotografía es fría y hermosa, y la banda sonora te eriza la piel.
Pero ahí termina lo bueno. El ritmo es lento—demasiado—y los sustos son predecibles: puertas que se cierran solas, juguetes que se mueven, susurros. Nada que no hayamos visto antes. Los personajes, aunque bien actuados (Virginie Ledoyen hace lo que puede con Anna), son planos y no logras conectar con ellos.
**¡ALERTA DE SPOILER!**
El giro final revela que los niños fantasma buscan venganza por haber sido envenenados por una monja años atrás. Anna descubre que ella también murió en el orfanato y es un fantasma atrapada. Suena interesante, pero la explicación es tan rebuscada y contada con tantos diálogos confusos que pierde todo impacto.
**Fin del Spoiler**
¿La recomiendo? Solo si son fans del terror atmosférico y visual, donde el ambiente es más importante que la trama. Si buscan sustos de verdad, mejor vean *El orfanato* (2007), que hace lo mismo pero mil veces mejor. *Saint-Ange* es como un fantasma bien vestido que no asusta: bonito, pero hueco.
Sustos: 6/10 Suspenso: 7/10 Sangre: 6/10 Promedio: 6.33

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