La trama sigue a Justine, una estudiante de veterinaria y vegetariana de toda la vida, que entra a la misma universidad donde estudia su hermana mayor. En una de las tradiciones de iniciación, la obligan a comer un corazón de conejo crudo. Y así, como si fuera un interruptor, despierta en ella un deseo irrefrenable por la carne... humana. Sí, leyeron bien: canibalismo, madurar y drama familiar se mezclan en esta joya perturbadora.
La dirección de Julia Ducournau es impecable: usa colores vibrantes (rojos, por supuesto), planos cerrados en cuerpos y una banda sonora electrónica que te hipnotiza. No es solo terror; es una metáfora sobre la sexualidad, la herencia familiar y la liberación de instintos reprimidos. Las escenas de canibalismo son gráficas pero no gratuitas: te hacen sentir la misma repulsión y fascinación que Justine.
**¡ALERTA DE SPOILER!**
El giro más fuerte no es que Justine sea caníbal, sino que **es hereditario**. Su hermana mayor también lo es, y su madre... bueno, está confinada en casa con una dieta especial. El clímax donde Justine muerde el dedo de su hermana en un arranque de pasión y rabia es brutal, y el final donde abraza su naturaleza (comiendo un brazo de su padre) es tan oscuro como poético.
**Fin del Spoiler**
Las actuaciones son brutales: Garance Marillier como Justine transmite inocencia, horror y éxtasis con solo una mirada.
¿Defectos? Es lenta para algunos, y lo gráfico puede ser demasiado. Pero cada escena tiene un propósito.
¿La recomiendo? **Sí, pero con advertencias severas.** No es para todos. Es arte, terror y psicología en una licuadora sangrienta. ¡No vean esto antes de comer! 🥩🔞💃
P.D.: Si sobreviven, querrán hablar de ella por días.
Sustos: 7/10 Suspenso: 8/10 Sangre: 9/10 Promedio: 8.00

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