La trama sigue a una familia puritana en la Nueva Inglaterra del siglo XVII que es exiliada de su comunidad y se instala al borde de un bosque siniestro. Pronto, el bebé desaparece durante un juego de peek-a-boo (sí, en serio), y la familia se desmorona entre acusaciones de brujería, paranoia religiosa y pecados capitales. La hija mayor, Thomasin, es la sospechosa principal, pero la verdad es mucho más oscura: una bruja real habita el bosque, y tiene planes para todos.
Eggers no apura nada; cada plano es una pintura tenebrosa con diálogos en inglés antiguo que te sumergen en la época. El horror no está en lo que ves, sino en lo que intuyes: sonidos en el bosque, animales que actúan de forma extraña (Black Phillip, la cabra, es el MVP siniestro) y la sensación de que Dios los abandonó. Los sustos son psicológicos: la culpa, la fe perdida, la tentación.
**¡ALERTA DE SPOILER!**
El final es tan oscuro como glorioso: Thomasin, después de que su familia sea destruida (la madre enloquece, los hermanos mueren), pacta con el diablo (que habla a través de Black Phillip) y se une a las brujas del bosque, volando desnuda hacia la libertad en medio de un aquelarre. Es aterrador y liberador a la vez.
**Fin del Spoiler**
Las actuaciones son brutales, especialmente Anya Taylor-Joy como Thomasin, que transmite inocencia y transformación con solo una mirada.
¿Defectos? El ritmo es lento y el acento antiguo puede costar, pero eso es parte de su encanto.
¿La recomiendo? **¡SÍ!** Es una obra de arte del folk horror. ¡Vivirás deliciosamente... con miedo! 🐐🌑🔮
P.D.: Después de esto, no volverán a ver las cabras igual.
Sustos: 9/10 Suspenso: 8/10 Sangre: 8/10 Promedio: 8.33

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