¡Hola a todos, cazadores de fantasmas! Si creen que el subgénero de las casas embrujadas está agotado, esta película viene a darles un buen lavado de orejas. Voces no inventa la rueda, pero utiliza los elementos del cine de terror más clásico —puertas que crujen, sombras al acecho y niños que hablan con "amigos" invisibles— con una maestría y una mala leche que se extrañaban en el cine patrio.
La trama nos presenta a Daniel (Rodolfo Sancho) y Sara (Belén Fabra), un matrimonio que se dedica a reformar casas antiguas para luego venderlas. Junto a su hijo de 9 años, Eric, se mudan a una enorme y lúgubre propiedad campestre conocida en el pueblo como "La casa de las voces". El horror no tarda en desatarse: Eric empieza a escuchar extraños susurros a través de su walkie-talkie y a dibujar figuras macabras. Tras una tragedia demoledora que destroza a la familia, Daniel, desesperado y convencido de que su hijo intenta comunicarse desde el más allá, busca la ayuda de Germán (Ramón Barea), un famoso experto en psicofonías y fenómenos paranormales, y su hija Ruth (Ana Fernández).
Lo más destacable es la atmósfera de tensión constante. Ángel Gómez Hernández demuestra un control absoluto del jumpscare, cocinando los sustos a fuego lento mediante un diseño de sonido impecable. La estática de las grabaciones, las interferencias y los lamentos distorsionados te mantienen con el estómago encogido durante los 90 minutos de metraje.
¡ALERTA DE SPOILER! (EL GIRO DE LA BRUJA)
El tercer acto es una bajada a los infiernos. Germán y su equipo descubren que las voces no son de fantasmas comunes, sino de una antigua bruja de la Santa Inquisición que fue torturada y emparedada en el sótano de la casa. El ente no busca comunicarse; es un parásito que manipula la mente de los habitantes para obligarlos a cometer suicidio a través de horribles alucinaciones.
El final es un auténtico gancho al hígado por su absoluta desesperanza. Cuando Daniel cree haber destruido al espíritu quemando los restos de la bruja, descubrimos que todo ha sido un engaño mental. Bajo la influencia de la bruja, Daniel pierde por completo la cordura y asesina a su propia esposa, dándose cuenta demasiado tarde de que el ente ha ganado. La película cierra con una escena brutal donde Daniel se suicida en la misma piscina donde comenzó la pesadilla, dejando el tablero listo para que Germán y Ruth continúen la investigación en el futuro.
¿LA RECOMIENDO? Totalmente. Es directa, aterradora, no tiene piedad con sus personajes y recupera el espíritu de las grandes producciones de terror psicológico y sobrenatural. Una joya imprescindible si te gusta pasar un mal rato. Le doy un 8.5/10. ¡Y mantengan los walkie-talkies apagados esta noche! 📻☠️🏠
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