La trama arranca con Andrea (Ester Ex
pósito), una estudiante de arquitectura que empieza a ser acosada por algo que acecha en los márgenes de su visión y que se manifiesta a través de un llanto desgarrador que solo ella puede escuchar. Nadie le cree. La película luego se fragmenta temporalmente para mostrarnos a Camila (Malena Villa) años atrás en Argentina, y finalmente a Marie (Mathilde Ollivier), desentrañando un bucle de terror donde la violencia del pasado se transmite como una infección invisible. El verdadero monstruo aquí es una fuerza intangible que representa el aislamiento, el trauma y la violencia sistémica contra las mujeres.
Lo más destacable es su impecable factura técnica y su diseño de sonido. Martín-Calero utiliza planos abiertos, pasillos modernos y encuadres geométricos que aumentan la sensación de soledad. Ese llanto del título, distorsionado y metálico, te eriza la piel cada vez que truena en los altavoces.
¡ALERTA DE SPOILER!
El clímax de la película es un golpe a la mandíbula por su desesperanza. Descubrimos que no hay un ritual místico para romper la cadena; la "presencia" es una manifestación del dolor y la agresión acumulada. Cuando Andrea intenta confrontar al ente y buscar respuestas en el pasado de las otras mujeres, se da cuenta de que la maldición es un ciclo inevitable. En un final seco y desalentador, la película nos muestra que no hay una victoria heroica: la entidad consume a su víctima actual solo para quedar agazapada, esperando a la siguiente mujer que herede ese llanto. El horror no se destruye, solo cambia de dirección.
¿LA RECOMIENDO? Si buscas acción desenfrenada o respuestas masticadas, te va a desesperar. Pero si disfrutas del terror atmosférico, el misterio elíptico y las historias que cocinan la tensión a través de la psicología y el sonido, es una joya contemporánea que debes ver. Le doy un 8/10. ¡Bájenle el volumen a sus audífonos por si acaso! 👤🎧📱

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