Dead Rise (2023) nos trae litros y litros de hemoglobina. Dirigida por Lee Cronin (con la bendición de Sam Raimi y Bruce Campbell), esta entrega saca la franquicia de la cabaña en el bosque y la mete en un edificio de apartamentos en Los Ángeles, y vaya que funciona.
La historia sigue a Beth, quien visita a su hermana mayor Ellie, una madre soltera que vive con sus tres hijos. Todo se va al diablo cuando un terremoto descubre una bóveda en el edificio y uno de los chicos encuentra el Necronomicón (o una de sus variantes). A partir de ahí, la posesión demoníaca no tarda en llegar, convirtiendo a la madre (una espectacular y aterradora Alyssa Sutherland) en una máquina de matar sádica que atormenta a su propia familia.
Lo mejor de la cinta es que no se guarda nada. Es brutal, visceral y ruidosa. El diseño de sonido es envolvente y los efectos prácticos son una carta de amor a los fans del gore. La escena del rallador de queso ya es legendaria por mérito propio.
**¡ALERTA DE SPOILER!**
Aquí no hay piedad ni para los niños. Una vez que Ellie es poseída, mata a los vecinos y a sus propios hijos uno por uno. El clímax es una locura: los cuerpos de Ellie y los hijos muertos se fusionan en una abominación de carne llamada "The Marauder". Beth y la pequeña Kassie huyen al estacionamiento, donde usan una trituradora de madera para convertir al monstruo en carne molida. Ah, y el final conecta con la escena del lago del principio, confirmando que la infección salió del edificio. Un ciclo sin fin.
**¿LA RECOMIENDO?** ¡Por supuesto! Es una digna sucesora del remake de 2013, mezclando la seriedad de esa película con el caos frenético de Evil Dead 2. Si tienes estómago fuerte y amas el gore creativo, es obligatoria. Si te mareas con ver sangre, mejor pon Disney+. Le doy un 8.5/10. ¡Groovy! 🩸📖

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