La trama sigue a dos hermanos, Pedro y Jaime, que descubren a un hombre poseído por un ente demoníaco en las afueras de su pueblo. Sabiendo que el demonio puede saltar de cuerpo en cuerpo, intentan deshacerse de él llevándolo lejos, pero cada decisión que toman empeora las cosas. La posesión no es un problema individual; es una plaga que se expande, corrompiendo todo a su paso: animales, personas y hasta la tierra misma.
El mayor acierto de la película es su realismo descarnado. Rugna no edulcora nada: la sangre fluye, los cuerpos se retuercen y la violencia es tan gráfica que duele verla. La maldad aquí no es un fantasma que susurra, sino una fuerza primitiva y contagiosa. Las actuaciones son brutales, especialmente Ezequiel Rodríguez como Pedro, un hombre común whose love por su familia lo lleva a cometer atrocidades.
**¡ALERTA DE SPOILER!**
El final es tan desesperanzador como coherente: Jaime, el hermano que intentaba razonar, muere decapitado. Pedro, en un último acto de amor, mata a sus hijos para salvarlos del demonio, pero este sobrevive dentro del cuerpo de su bebé nonato. La maldad gana, y la cámara se aleja mostrando el pueblo consumido por el caos.
**Fin del Spoiler**
¿Defectos? El ritmo es frenético y a veces confuso, y la crudeza extrema puede alejar a quienes buscan un terror más psicológico. Pero eso es parte de su identidad: no quiere gustar, quiere inquietar.
¿La recomiendo? **Solo si tienen nervios de acero.** Es una obra maestra del horror visceral y una crítica feroz a la impotencia humana. **9/10**. ¡No vean después de comer! 🌾🔪😈
P.D.: Rugna confirma que es el nuevo rey del terror latinoamericano.

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