Hola a todos, tecnófobos y devotos del horror asiático! Taiwán lo ha vuelto a hacer. Tras reventar la taquilla doméstica con más de 100 millones de dólares taiwaneses, por fin llega a nuestras pantallas Mudborn, una película que toma la inocente y clásica canción infantil "Muñeco de Arcilla" y la transforma en una pesadilla de posesiones, culpa y tecnología VR. El director Shieh Meng-ju nos demuestra que el pasado folklórico y el futuro digital pueden unirse para rompernos la cabeza.
La historia arranca con una premisa brillante: un equipo de desarrollo de videojuegos escanea en 3D una casa maldita abandonada para crear un juego de terror de realidad virtual. Durante el proceso, rompen accidentalmente la cabeza de un perturbador muñeco de arcilla que esconde un talismán de sellado en su espalda. A partir de ahí, la maldición se desata sobre Hsu-Chuan (Tony Yang), el programador que hereda el proyecto (y el muñeco roto), y su esposa embarazada, Mu-Hua (Cecilia Choi). Lo que sigue es un descenso a los infiernos donde Mu-Hua termina poseída por una legión de espíritus hambrientos de sangre, llegando a extremos tan perturbadores como comer carne cruda o arañarse su propio vientre plano.
Lo más destacable de la película es cómo equilibra la investigación mística con la narrativa moderna. El viaje ritual al pasado para descubrir el origen del muñeco —moldeado por una madre rota (Liu-Hsin) que mezcló tierra de cementerio con su propio feto abortado y sangre endometrial— es de lo más macabro y visualmente potente que ha dado el género este año.
¡ALERTA DE SPOILER! (EL SACRIFICIO Y LA ILUSIÓN)
El clímax en la casa abandonada es una carrera contrarreloj donde la tecnología y el taoísmo fracasan. Al ver que ni los rituales del maestro Ah-Sheng (Derek Chang) ni los escaneos 3D para replicar el talismán pueden contener a los espíritus —y ante la aterradora idea de que estos posean a su bebé nonato—, Hsu-Chuan toma la decisión más trágica: absorbe a los fantasmas en su propio cuerpo. Ah-Sheng talla el talismán en su espalda, dejándolo en un coma severo.
Pero el verdadero golpe emocional viene al final. Tiempo después, Mu-Hua cuida a su hija sola, lamiéndose las heridas del trauma, hasta que recibe el juego de simulación familiar que su esposo diseñó antes de la tragedia. La escena de ella usando las gafas VR, abrazando virtualmente a la copia digital de Hsu-Chuan mientras llora en un salón vacío, es desgarradora. Un cierre de terror psicológico bellísimo que nos recuerda que la tecnología a veces solo sirve para maquillar la ausencia.
¡Y ojo a la escena post-créditos! Ver a Hsu-Chuan en coma en casa de Liu-Yen mientras en la oficina de Ah-Sheng se revela un talismán de "Resurrección" nos deja claro que esto es solo el principio de algo mucho más grande y peligroso.
¿LA RECOMIENDO? Sin duda alguna. Es inteligente, respeta el folklore, ofrece momentos de horror corporal genuinamente incómodos (la maldición del muñeco vudú con Ah-Yi es brutal) y tiene un trasfondo dramático que funciona a la perfección. Le doy un 9/10. ¡No vuelvan a mirar un modelado de barro con los mismos ojos! 🏺🎮🇹🇼


